26/8/09

UNA CRÓNICA DEL SIGLO VEINTE

Se ha ido igual que se va la luz y el calor de la llama cuando ya no tiene suficiente combustible o cuando se ahoga por falta de aire. Se ha ido sin querer irse, por culpa de la combinación de mil factores que nadie asume, ni él mismo. Y se fue sin llevarse sus historias escritas en lo que podría ser una crónica del siglo veinte.

Hoy tizné mis manos con sus historias, intentando desprenderme de vivencias que no caben en mi ya ajedreada vida. Las cenizas y el humo las iban dispersando pero, curiosamente, en vez de desaparecer volvían a mí en forma de recuerdos. Yo no conocía a todas esas personas que aparecían en sus papeles, pero le conocí a él y le amé mucho más de lo que él se dejó amar. Pero éso es asunto mío, nadie tiene la culpa de lo que inspira en los demás. A mí él me inspiraba ternura y a veces rabia porque según yo, no sabía vivir la vida. Trabajó y poco más. Pero en ese poco más aparece hoy, entre cenizas y humo, una crónica del siglo veinte, y entre ellos él, un hombre que, como tantos otros se forjó a sí mismo sin los materiales imprescindibles para ser un hombre tierno. O... quizás sí los tenía y nunca se atrevió a utilizarlos y los iba repartiendo a trocitos entre los que amaba. Si fuera así, he estado de suerte porque yo recibí un trocito de su ternura.